Calcular la huella de carbono de un almacén exige, antes que nada, decidir qué emisiones entran en la cuenta: no todas las que están relacionadas con la operación del almacén se originan dentro de sus paredes, y confundir unas con otras lleva a cálculos incompletos o duplicados.
Qué entra en el cálculo
El estándar más extendido para clasificar estas emisiones —el GHG Protocol— las divide en tres alcances. El alcance 1 cubre las emisiones directas de fuentes que la propia empresa controla, como una flota de reparto propia o los gases refrigerantes de una cámara frigorífica. El alcance 2 cubre las emisiones asociadas a la electricidad que el almacén consume, aunque se generen fuera de sus instalaciones, en la central que la produce. El alcance 3, el más amplio y el más difícil de medir con precisión, cubre el resto de la cadena: el transporte subcontratado a terceros, la fabricación de lo que se almacena o los embalajes que se compran a proveedores.
Un almacén que solo mide su alcance 1 y 2 obtiene una cifra real, pero parcial: dejará fuera, por ejemplo, el transporte de última milla si lo ejecuta un operador externo.
Principales focos de emisión en un almacén
Dentro de los alcances 1 y 2, los focos más habituales son la climatización —especialmente exigente en almacenes de temperatura controlada o congelado—, la iluminación de la nave y el consumo de los equipos de manutención. Estos últimos varían mucho entre sí: una carretilla de combustión emite directamente, mientras que una eléctrica traslada esa emisión al alcance 2, a través de la electricidad con la que se recarga; una alimentada por pila de combustible de hidrógeno no emite en el propio almacén, pero su huella depende de cómo se haya producido ese hidrógeno.
Cómo se reduce
Las medidas más comunes actúan sobre estos mismos focos: sustituir la iluminación convencional por iluminación LED, mejorar el aislamiento térmico de la nave para reducir la carga de climatización, instalar paneles solares en cubierta para cubrir parte del consumo eléctrico con generación propia, y sustituir progresivamente los equipos de combustión por eléctricos o de hidrógeno. Ninguna de estas medidas depende de las demás: se pueden implantar de forma independiente y ir sumando su efecto.
Por qué se mide
La medición no se hace solo por convicción ambiental. Cada vez más clientes de gran tamaño exigen a sus proveedores logísticos datos de huella de carbono como parte de sus propios compromisos de sostenibilidad, y disponer de un cálculo fiable evita tener que improvisarlo bajo presión cuando lo piden. Además, medir con el desglose por alcances permite anticipar qué parte de la operación quedaría más expuesta si en el futuro se regula o se penaliza económicamente alguna de estas emisiones.